“Me gusta el son del costalero”, como decía el gran capataz, pero más me gusta el saber que van a enseñar a rezar en la calle al que no sabe rezar. Porque, hay muchos que miran por la calle y que por vuestra fe, generáis el silencio más profundo, el de la oración interior y personal de cada uno.

Entre mis recuerdos, tengo una homilía del que fuera gran sacerdote y mejor amigo D. Pedro Majón allá por el año 2.000 y que con permiso de mi amigo Ángel Henares, aquí reproduzco. “El verdadero costalero/a no es el que carga simplemente con el paso, que eso lo puede hacer cualquiera que tenga fuerza física y ensaye. No. El costalero/a, como todo cristiano, es el que se une a otros para llevar el peso de aquellos que no pueden hacerlo solos. Es el que ayuda a cargar con las tristezas de los demás. El que ayuda a soportar el peso de los problemas del más necesitado. El que no se cuelga cuando hay otros que necesitan de tu fuerza. El que quiere al que está a su lado aun cuando no le ve bien la cara en la oscuridad.”

Que verdad más grande. Costalero/a, es el que mete riñones en la vida porque sabe que no todo el mundo puede hacerlo. Este es el único sentido de la Semana Santa, el llevarle a Dios y a su Bendita Madre a los más necesitados, e ir evangelizando las calles. Quien quiera ver otra cosa, está totalmente equivocado.

Orgulloso de haber sido costalero, y más orgulloso todavía de haberlo dejado. Al igual que cada uno/a tenéis vuestra historia, vuestro motivo para ser costalero; yo tengo motivos para seguir fuera.

A mi padre, nunca le gustó que yo fuera debajo de un paso, no lo entendía y las noches de ensayo, aunque no me lo dijera, eran todo un problema. Él creía, pero a su modo y manera, su casa, su mujer y sus hijos, primero luego lo demás.

Una noche de Lunes Santo, en el regreso de la hermandad, sabiendo que él estaba un poco cabreado conmigo, se acercó a mi costero y me llamó, “Nene, ¿dónde estás?”. Como yo sabía de su cabreo, no contesté. Me insistió: “Contesta, no voy a discutir más contigo”. Le contesté, “Dime, Santiago” Y me dijo; “Os llevo viendo un largo rato, y he visto al Señor, el año que viene voy contigo debajo”.

No pudo salir debajo del paso conmigo y yo no volví a salir debajo de ningún otro paso.

Gracias a todos los costaleros/as por vuestra labor, por vuestra catequesis, que no es sólo uno o varios días al año, es una Estación de Penitencia de por vida, porque el o la que es costalero/a, tal y como yo lo entiendo y expreso, lo será para siempre.

Pero eso sí, tal y como os piden desde vuestra Hermandad o Cofradía y vuestros capataces, os pediría que jamás os pavoneéis por las calles por las que aún no ha llegado el paso, ni os pongáis a hablar con señoritas/os a la vista de todo el público, ni mucho menos a usar el teléfono móvil, llamando o echando fotos en medio de las filas, salte de debajo, de la forma más discreta que puedas, pero jamás por delante del paso. Y al salirte, desaparece rápido de la cofradía. ¿Qué es eso de exhibir sudores, tatuajes, costales y teléfonos por medio del cortejo? Por las calles del cortejo, aparece lo justo, para hacer el relevo, para disfrutar, pero sin hacer alardeos.

Con vuestra labor, ya sea a hombros o a costal, da igual, hacéis que, imágenes que de madera son, tomen vida por vuestros corazones de costaleros/as. Y es entonces, solo entonces cuando el que mira una obra de arte, descubre el mensaje de amor, de unidad, y de fraternidad del Evangelio.

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