Todo parecía igual, pero se fue dejándonos un sabor distinto. Cada Semana Santa llega
y ofrece sus aquellas pequeñas cosas, esas que alborotan nuestras vidas y construyen
realidades gigantes, esas que siembran un recuerdo eterno en el alma y en la memoria de cada
cofrade.

Siempre hay un instante que da sentido a todo, que organiza el desconcierto y pone
orden en este interminable sueño, que nos llama y nos despierta para vivir el momento, que
nos sacude el corazón y nos renueva el poco aire que aún nos cabe en el pecho. Es ese
instante, cuando Cristo Rey llega a Motril entre palmas triunfante, cuando un pueblo entero
cabe en un lugar y en un tiempo donde por unos segundos todo es sencillamente perfecto.
Siempre hay una palabra que brinda una paz sincera, que nos trae Perdón sin tener en
cuenta nuestras ofensas, que nos ofrece compañía y alivia la Soledad que cada uno lleva por
condena, que nos renueva y nos recuerda la llegada de una nueva primavera. Es esa palabra
que repone al corazón de sus Dolores y tiene el Gran Poder de acomodar caminos nuevos
donde solamente había errores.

Siempre hay un gesto que nos cautiva y nos arrasa, que toma nuestra vida y mantiene
viva la Esperanza, que nos tiende la mano y de la caída nos rescata, que recupera los trozos
extraviados y con dulzura poco a poco nos repara. Es ese gesto que nos recuerda que Dios
toma vida más allá de la madera, que Dios está en el hermano y en quién en Silencio se acerca
a consolar su pena.

Siempre hay un abrazo que sana las entretelas del alma, que auxilia nuestra Amargura
y recoge nuestras lágrimas, que nos arropa en la madrugá más fría y ofrece luz en la noche más
oscura, que rompe la distancia y te devuelve a la realidad cuando más te perdías. Es ese abrazo
que nos regala un nuevo sorbito de vida, que une dos almas y puede, incluso, ser Consuelo de
la más profunda herida.

¡Conocerte fue Victoria! Hoy tomo prestada esta querida y escueta declaración de
intenciones, para agradecer desde aquí a quién ha sido instante, palabra, gesto y abrazo que
ha convertido en única esta Semana Santa, a quién me ha dado sentido a este interminable
sueño.

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