Antonio Miguel González (1997) es un joven saetero que irrumpió en nuestra Semana Santa hace cinco años. Desde entonces y en base a su constante afán de superación, se ha hecho un hueco en los corazones de todos los que lo siguen y lo escuchan allá donde vaya. Enamorado de la Semana Santa de Motril, Antonio Miguel hoy nos cuenta cómo fueron sus inicios y qué es lo que más destacaría de estos años.

¿Cuándo cantaste tu primera saeta?

Lo recuerdo como si fuera ayer. Fue en el año 2014 al Señor del Gran Poder. Me acuerdo que canté desde una ventana en la calle que baja del callejón, que desemboca en la calle de las Cañas.

¿Cómo te adentraste en el mundo de las saetas?

Siempre me había gustado el coro de Al Compás del Camino. Y decidí cantar con ellos  porque me encanta cómo le cantan al Cristo de la Salud en su salida. Ese año estábamos preparando las canciones y pensé en mi devoción más grande, que es el Cristo del Gran Poder. Fue una especie de corazonada. Me acuerdo que busqué por internet y encontré una letra que decía “cuando levantó su pie, habia un lirio de colores, una rosa y un clavel, y es que van naciendo flores donde pisa el Gran Poder”. Me preparé esa saeta y cuando terminé de cantarle al Cristo de la Salud me fui a esa ventana y desde esa casa, canté para Él. Ahí empezó todo.

Las saetas más especiales que has cantado.

Todas han sido especiales porque todas las saetas que he cantado las he cantado con muchísima ilusión y porque me han salido de dentro. La primera saeta que canté en Granada en el año 2016 a Jesús Cautivo en la puerta de la Catedral fue inolvidable. Abrí la Semana Santa de Granada cantando saetas. Pero sí que es verdad que hay una que recuerdo que nunca olvidaré.

En el año 2015, salí de penitente en la Cofradía del Huerto. Mi prima Noelia, que ha sido la culpable de adentrarme en el mundo de la Semana Santa, acababa de tener un hijo pero estaba malito porque el parto se había complicado. Me pasé toda la Estación de Penitencia pensando en ella porque mi familia estaba viviendo unos momentos muy angustiosos. Cuando llegué a las puertas de la Casa de Hermandad sentí la necesidad de pedirle a la Virgen. Yo estaba malo con placas de pus y era el segundo año que cantaba saetas, aún no conocía del todo el género. La gente me preguntaba si no iba a cantar. Y no me lo pensé y subí para cantarles desde un balcón. Al Señor le canté para despedirme, porque era su último año. Y cuando llegó la Virgen de la Victoria, a la que tanto cariño le tengo, estaba sin voz, pero le canté. Ha sido la primera y la única vez que le he cantado a un palio, le pedí por mi prima y por su hijo y cuando acabó, recuerdo que su capataz hizo una levantá por la salud. Sentí una emoción inexplicable por dentro. No sé como expresarlo. Empecé a llorar y se me caían los lagrimones.

Antonio Miguel en el Callejón de las Monjas, cantándole al Gran Poder.

¿Sigues algún proceso de preparación de las saetas?

Claro. Cuando va terminando la Navidad ya empiezo a organizarme. Busco a quien le voy a cantar y la letra. Tengo algunas letras de saetas que me dio el maestro Pedro Gordillo, que fue quien me enseñó a cantar saetas de verdad, con sus pasos y sus reglas. Este año me inspiré mucho con las letras de Antonio Chacón, que es un hombre con muchísimo conocimiento sobre saetas y un gran escritor. También escribo las mías propias. Al Gran Poder, por ejemplo, en la Semana Santa de este año le he escrito las letras. Luego, todas las semanas hasta que llega Semana Santa las ensayo. Soy muy meticuloso. Hasta que no veo que están perfectas no estoy tranquilo.

¿Tienes algún ritual?

Cuando voy a cantar suelo llevar estampas de imágenes a las que le tengo cariño y fe. Santa Ana, la Divina Pastora, el Gran Poder… Y siempre llevo un rosario que me regaló mi abuelo. Él no es un hombre de fe. Pero un año me llevó al Rocío, paramos de vuelta en la Basílica de la Macarena. Yo estaba mirando ese rosario y él me dijo: “Cógelo que te lo voy a comprar”. No es un rosario caro, ni lujoso. Pero para mi ese detalle de mi abuelo fue muy significativo. Y ese rosario lo guardo con toda mi alma. Lo llevo siempre en los conciertos, para cantar saetas, incluso lo llevé en un bolsillo en Se Llama Copla.

Y otro de mis rituales más personales es lo que hago cada Miércoles Santo. Siempre compro dos ramos de flores y voy a visitar a mi abuela al cementerio. Uno se lo dejo allí y otro se lo paso por su lápida y, en el momento de cantarle al Gran Poder, yo hago mi ofrenda en forma de saeta y el ramo de flores que le tiro, es la ofrenda de mi abuela. Es una forma de tenerla presente este día.

5 años dan para mucho. ¿Qué crees que es lo más importante que has aprendido?

En el 2014 canté mi primera saeta sin ningún conocimiento, solo por intuición, por lo que había escuchado de otros. Nadie me había enseñado a cantar saetas y sin embargo, me atreví a hacerlo. En 2015, gracias a Pedro Gordillo aprendí de figuras tan reconocidas como María la Faraona, la saetera más conocida de Málaga. Aprendí ese palo de saeta por seguidilla y acabado en martinete. Dí muchas clases sobre eso. Y con el tiempo he ido perfeccionando y aprendiendo a modular mi voz.

Pero en estos cinco años creo que lo más importante es que las saetas me han ayudado a saber mostrar mi fe, a expresarme mejor con las saetas que con cualquier otra cosa. Gracias a la música puedo decir lo que siento cuando veo un paso o una imagen a la que le tengo cariño y con la que he vivido muchos momentos. A nivel personal creo que ahora sé canalizar mis sentimientos con las imágenes. Las saetas me han enseñado a expresar todo lo que hay dentro de mi.

¿Dónde te veremos esta Semana Santa?

El Domingo de Ramos espero cantarle a Cautivo en Granada porque este sería mi tercer año. Al Gran Poder está claro que le voy a cantar. Llevo 5 años haciéndolo y este año será algo más especial. También me gustaría cantarle a algunas imágenes, pero aún no lo tengo claro y no lo puedo confirmar.

 

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