«El legado de su amor»

Carmen Maria Muñoz Andrade — ¡A LA GLORIA!


 

Era Martes Santo y en la noche resonaba aquella canción de mi infancia: “Caminando entre la gente ví a Jesús”, porque cuando marchas por la vida con el corazón desabrochado y el alma dispuesta es fácil que te tropieces con aquello que, en muchas ocasiones, Motril parece perderse.

A mí, que estoy de los detalles absolutamente enamorada, se me fueron los ojos hacia aquel que en su mirada escondía el orgullo de quién sembró y, tras varios años cuidando, ya tiene entre las manos el legado de su amor. Quizás sea esa su mayor satisfacción, él y los suyos entregados ayer, hoy y siempre a la Misericordia y el Perdón.

Es difícil explicaros aquella estampa haciendo uso, únicamente, del don de la palabra. Eran como una legión, formando en el cortejo o admirando la belleza desde un balcón, abriendo las puertas al Señor o escoltando, porque las promesas siempre deben cumplirse, a la mismísima Madre de Dios. Son ejemplo del verbo encarnado, de la palabra habitando entre nosotros y testigos fieles de Jesús resucitado.

La semilla es hoy digna “astilla de tan noble madera”, árbol generoso en fruto que asegura una perpetua herencia. Abuelos, hijos y nietos, tres generaciones bajo una misma bandera: “A Jesús por María, que solo el Perdón nos hará hijos de tu Misericordia”.
Gracias, familia, por regalarme el martes santo soñado.

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