«Desafío cuaresmal»

Enrique Osuna Villa – CRUZ DE GUÍA


Una nueva Cuaresma nos reúne para cantar, enaltecer, recordar… olor a incipiente primavera en el calendario; vivir en definitiva, nuestro mutuo amor a la Semana Santa, olor a flores tempranas a punto de floración desparramadas por nuestro Motril indolente, recostado en su propia somnolencia, que nos invita a la celebración de la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Seremos testimonios de Cristo. Mi desafío cuaresmal, tratar de explicar con palabras lo que tanta gente de Motril lleva acumulando toda una vida, todo un año de espera. Nuestra Semana Santa. Los sentidos se nos agudizan cuando llega la Semana Santa. Los corazones se abren ante sensaciones que nos muestran un paisaje de luz, color, sonido y sentimientos de pasión y fe. No hay que entender, sólo sentir. Los ojos de los niños cargados de ilusión, los nervios por vestirse de nazareno y acompañar en fila a Jesús y a María. Hombros jóvenes que se inauguran en la Semana Santa, aunque también hay hueco para los mayores. Hay testigos jóvenes y mayores que infunden orden, fe, silencio y tradición. Procesiones de las Mujeres y de los Hombres de Motril. De las casas salen olores a Semana Santa y las madres, titas y abuelas se afanan por no dejar ningún detalle sin pulir.

Y mientras, en la iglesia no para de entrar y salir gente. El pueblo entero espera impaciente emocionarse y hacer sus súplicas. Han guardado un año sus aplausos y sus vivas. Unos nudillos llaman en la puerta de la Iglesia. Se abre el templo. Hasta los pájaros dejan de cantar cuando aparece con la cruz a cuestas y con olor, ojalá fueran de aquellos claveles de Motril. El silencio sólo será cortado por la voz rota del capataz y por el recuerdo a Cristo en su pasión y muerte. Manos temblorosas encienden las velas que iluminarán las filas, la candelería… luz para su rostro. Venid y ved la salida desde dentro de la Iglesia. La imagen del señor se hace majestuosa desde atrás. Empieza a andar y se marcha. Si se te saltan las lágrimas, nadie preguntará por qué.

En la pared de la iglesia se ven sus siluetas como si los llevaran en volandas, como si andaran solos. Las manos por clavos atravesadas, nos hace recordar el dolor de una madre que al lado de su hijo va. Lágrimas asoman y se hacen nudos en la garganta por volver a verlo otro año más.

Y detrás su Madre arropada por un manto de estrellas y sonidos de bambalinas, pero no hay estrella que brille más, con puñales clavados en el corazón parecen mirar y escuchar los rezos que le hacen sus hijos. Fe en estado puro. A pulso, y entre palmas y lágrimas, los nervios se arremolinan en el estómago. Y esa frase de “Este año ha sido mejor que ninguno”. La Semana Santa en Motril eres TÚ, es tu fe, sin ti, sin nosotros, esta Semana Santa no es nada.

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